¿En dónde está ese…? (para la memoria)

#Opinión | Kajkoj Máximo Ba Tiul – Centro de Reflexiones Nim Poqom.

¿En dónde está ese hijo de puta? Grita el comisionado militar al mando, mientras tumba de una patada la puerta mal trecha que había en la entrada de la casa. ¿Qué buscas le responde un anciano de 60 años? A tu hijo, ese guerrillero hijo de puta. ¿Qué hijo? Responde nuevamente el anciano, una persona reconocida por su trabajo en la comunidad y en la iglesia de lugar. Este tu hijo de pelo largo, que anda con sandalias y con su morral. Ese mismo que se mantiene en los grupos de jóvenes. Ese que anda coleando a los curas. Ese que va mucho a las aldeas. Ese que participa en actos culturales. Ese es un guerrillero, gritaba el comisionado.

El anciano y acompañado de la mirada de miedo que inspiraba la esposa, todos de pie en el patio de la casa, le dice al comisionado militar, que era su amigo, además colegas de oficio, porque ambos eran carniceros del pueblo, le dice; “entra a la casa, buscá donde vos querrás y si lo encontrás te lo llevas y es más yo te lo entrego, porque igual a mí, no me gustaría que él fuera “guerrillero”.

El comisionado y sus ayudantes, entraron a la casa, buscaron por todos lados y al cabo de un tiempo, dijeron; ¡este hijo de puta no está aquí! ¿dónde se habrá ido? ¿con quién estará? Pero ya lo encontraremos y nos lo tenemos que echar, porque hay que acabar de raíz con todo.

Por la noche, el joven de apenas 15 años, entra a su casa y los papás lo estaban esperando, para preguntarle en qué estaba metido. La hermana mayor le sirve café y frijoles calientes, que era la comida más común de todas las familias en la comunidad. El fogón estaba encendido, porque la mamá y una de las hermanas estaban torteando. De repente el papá le pregunta, ¿dónde diablos estabas? El hijo le responde; ¡en el grupo juvenil! ¿Y qué vas a ser a ese grupo? le pregunta su papá. El hijo responde, pues a hacer lo mismo que hacen ustedes en la iglesia; ¡rezar y cantar!

Y porque me hacés esas preguntas, le contestó el hijo. El papá ya cansado y con sueño le dice, pues porque acaba de salir el comisionado militar y sus ayudantes, todos enojados buscándote y acusándote de ser guerrillero. Por qué hijo, por qué decía la mamá. El hijo responde, acaso no ven la pobreza de la gente, acaso no ven como nos tratan en el pueblo, como nos insultan, como nos roban. Acaso, no te das cuenta papá, que ese comisionado, se roba el ganado de la gente y no les paga. No te recordás, como fue a asesinar a los señores allá en la montaña, cuando estaban desayunando y sus tazas de “piloy” (Una especie de frijol de montaña), se llenaron de sangre que se confundía con el color de la pepita molida y el chile seco.

El papá pensativo, ya no quiso contestar. La mamá se quedó callada. El hijo salió de la casa y desde ese momento, ya no dormía en casa. Todo su grupo se cambiaba de casa. Dormían fuera de casa, para no exponer a su familia. Comenzaron a desaparecer a compañeras y compañeros que participaban en grupos juveniles y grupos de iglesia, que participan en el movimiento cooperativista, movimiento de jóvenes, de catequistas o en cualquier grupo cultural. Se escuchaban las balaceras por todos lados. Las familias optaron por apagar sus luces a partir de las seis de la tarde. Las escuelas, colegios e institutos comenzaron a dar clases los fines de semana.

Los desplazamientos de comunidades perseguidas por el ejército, comenzaron a llegar al municipio. Comenzaron a crecer las áreas periféricas y que hasta ahora las siguen identificando como áreas rojas. Muchas familias, se convirtieron al protestantismo. Este dato es importante, porque por todos lados se veían fumarolas de fuego donde se quemaban biblias católicas, cruces de madera, imágenes, novenarios y muchos símbolos católicos. Familias muy católicas, comenzaron a formar parte de las nacientes iglesias evangélicas, que había traído Ríos Mont, con apoyo del gobierno de los Estados Unidos para desmovilizar y dividir a las comunidades que comenzaban a simpatizar con el movimiento revolucionario.

Mientras tanto, el joven que era perseguido por los comisionados militares y que quisieron ir a sacar a su casa, iba de pueblo en pueblo, acompañando procesos organizativos de las comunidades, ayudando a formar grupos de músicos para la iglesia católica. Apoyando procesos de formación y concientización. Otros amigos tuvieron que huir a la capital y esconderse en las zonas periféricas.

Al comisionado militar lo ajusticiaron, algunos dicen que fueron sus mismos compañeros y miembros del ejército, otros dicen que fue una escuadra de la guerrilla, mucha confusión. Quienes eran sus segundos al mando, tomaron el control del grupo criminal. Unos murieron de enfermedad, otros siguen vivos, todos viejos, cuando se les mira en el pueblo, en su mirada se percibe el odio. Algunos de sus hijos y nietos, vinculados al crimen organizado, algunos de sicarios del narcotráfico, otros como prestamistas, al final, como dicen los abuelos y abuelas, “como si la historia se repitiera”, pero es porque vivir del crimen también te da prestigio, aunque sea infundiendo miedo.

@fger_mayakat