Mujeres indígenas de diversos pueblos inician su proceso en la Escuela de Comunicación Antirracista de Jun Na’oj para disputar el poder de la palabra y recuperar sus narrativas
Mujeres indígenas de distintos pueblos y territorios iniciaron este 5 de marzo de 2026 el proceso formativo “El espacio mediático es nuestro territorio”, una nueva edición de la Escuela de Comunicación Antirracista para Mujeres Indígenas, convocada por la Red de Comunicadoras Indígenas Jun Na’oj.
Durante dos días, 5 y 6 de marzo, mujeres provenientes de pueblos garífuna, k’iche’, kaqchikel, q’eqchi’, poqomchi’, ch’orti’, tz’utujil y de otras comunidades del país se reúnen en este espacio de formación técnica y política para fortalecer sus herramientas de comunicación y reflexionar colectivamente sobre el poder de la palabra, la representación y el papel de los medios en la reproducción del racismo y el colonialismo en Guatemala.
Las participantes, mujeres de distintas edades y trayectorias comunitarias, llegan a este proceso con un objetivo claro: aprender comunicación no para adaptarse al sistema mediático dominante, sino para transformarlo.
La Escuela forma parte del trabajo político de Jun Na’oj, una red de comunicadoras indígenas que se concibe como un proceso territorial, un espacio de formación técnica y política y una apuesta por la autonomía narrativa de los pueblos indígenas.
Desde esta perspectiva, la red no plantea la comunicación únicamente como una herramienta informativa, sino como un campo de disputa política.
Recuperar la palabra frente al control histórico de los medios
El surgimiento de Jun Na’oj responde a una realidad estructural, pues en Guatemala, los medios de comunicación han estado históricamente concentrados en manos de élites económicas, mientras que los pueblos indígenas han sido sistemáticamente excluidos de los espacios donde se produce y circula la información.
En ese contexto, las mujeres indígenas suelen aparecer en los medios únicamente como imágenes folclorizadas, despojadas de su voz política y de su capacidad de interpretar la realidad.
A esta exclusión se suma la falta de legitimidad mediática de los idiomas mayas y otras lenguas originarias, lo que limita aún más la posibilidad de que los pueblos narren sus propias historias desde sus lenguas y cosmovisiones.
Frente a estas estructuras, Jun Na’oj surge como una estrategia de resistencia comunicativa orientada a recuperar la autoridad sobre las narrativas propias.
“No queremos que nos representen; queremos representarnos nosotras mismas”, es una de las premisas que orienta este proceso colectivo.
Comunicación antirracista frente a las estructuras de poder
Durante el primer módulo del proceso formativo, las participantes profundizaron en el concepto de comunicación antirracista, analizando cómo el racismo, el colonialismo y el patriarcado operan como estructuras que sostienen el sistema político y social del país.
Las reflexiones también se centraron en el papel que juegan los medios de comunicación en la reproducción de estas desigualdades, que el racismo mediático no solo distorsiona la representación de los pueblos indígenas, sino que produce un despojo simbólico, al negar su capacidad de interpretar la realidad y disputar el sentido de lo que ocurre en el país.
Asimismo, se discutió la colonialidad presente en los medios, que determina qué conocimientos son considerados legítimos, quién tiene el poder de narrar y qué voces son sistemáticamente silenciadas.
En este espacio, las mujeres también compartieron experiencias personales y colectivas de discriminación, violencia y exclusión que han vivido en distintos ámbitos, incluyendo espacios mediáticos.
Nombrar estas experiencias forma parte de un proceso político más amplio, reconocer las estructuras que sostienen la desigualdad para poder transformarlas.
Disputar la representación desde los territorios
Para las mujeres que integran este proceso, afirmar que “el espacio mediático es nuestro territorio” implica reconocer que la comunicación también es un espacio de disputa política.
Desde esa perspectiva, el trabajo de Jun Na’oj busca romper simultáneamente con varias estructuras de poder: el monopolio de la palabra en manos de élites mediáticas, la idea de que lo indígena pertenece únicamente al pasado o a la tradición, y el silencio históricamente impuesto a las mujeres indígenas.
Integrarse a esta red no significa adaptarse al sistema existente, sino organizarse para transformarlo desde los territorios y desde las propias voces de las mujeres.
La existencia misma de Jun Na’oj, señalan sus integrantes, representa una ruptura con la lógica colonial que ha intentado controlar la palabra de los pueblos indígenas.
A través de la formación, el acompañamiento y la construcción colectiva de medios propios, las comunicadoras buscan fortalecer una práctica comunicativa que responda a sus comunidades y que permita disputar la representación en el espacio público.
En ese camino, la Escuela de Comunicación Antirracista se consolida como un espacio donde las mujeres indígenas no solo aprenden herramientas técnicas de comunicación, sino también fortalecen su capacidad política para narrar el país desde sus territorios, idiomas y experiencias.
Porque para ellas, la comunicación no es únicamente informar, es también una forma de resistencia, de memoria y de lucha por el derecho a contar la historia desde su propia voz.
