12 May 2026, Mar

La matemática que habita en los tejidos indígenas

El 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Matemática, una fecha impulsada para reconocer los aportes de las mujeres en una disciplina históricamente atravesada por desigualdades de género y exclusiones estructurales. Pero también puede ser una posibilidad para ampliar la discusión sobre quiénes han sido reconocidas como productoras de conocimiento y quiénes han quedado fuera de esa historia oficial.

Durante mucho tiempo, la idea de ciencia fue construida desde una mirada profundamente colonial, se nos enseñó que el conocimiento válido nace en universidades, laboratorios o centros académicos occidentales, mientras los saberes de los pueblos indígenas eran colocados en otro lugar: el de la tradición, la manualidad, la artesanía o el folclor.

El colonialismo no solo organizó territorios y cuerpos; también organizó el conocimiento. Decidió qué prácticas podían ser reconocidas como ciencia y cuáles quedarían fuera de esa categoría, y, en ese proceso, los conocimientos producidos históricamente por mujeres indígenas fueron sistemáticamente minimizados, aunque implicaran observación, cálculo, precisión y transmisión compleja de saberes.

Pensemos en el tejido de un güipil.

Tejer implica trabajar con medidas exactas, contar hilos, calcular proporciones, sostener simetrías y mantener estructuras visuales precisas para que cada figura coincida. Hay lógica, geometría, memoria y técnica; nada se hace únicamente porque sí. Cada decisión dentro del tejido es por los conocimientos acumulados colectivamente durante generaciones.

Sin embargo, rara vez se habla de esto como pensamiento matemático o conocimiento científico. Ahí es donde aparece el racismo estructural: no en la ausencia de ciencia, sino en la negativa histórica de reconocerla cuando proviene de cuerpos y pueblos racializados.

Muchas mujeres indígenas han pasado su vida resolviendo problemas desde la práctica cotidiana, trabajando con patrones complejos y sosteniendo sistemas de diseño y medición sin que eso sea leído como producción intelectual. Porque el problema nunca fue la falta de capacidad; el problema ha sido quién tiene el poder de nombrar el conocimiento.

Por eso, hablar del güipil y de los tejidos desde las matemáticas no busca romantizar lo ancestral ni “descubrir” algo nuevo, más bien, se trata, de cuestionar la jerarquía colonial que separó la ciencia de los saberes indígenas para sostener una idea racializada de inteligencia y conocimiento.

La precisión de un güipil contradice la idea colonial de quién puede ser llamada científica, reconocerlo implica entender que las mujeres indígenas no solo han sostenido cultura e identidad; también han preservado sistemas complejos de conocimiento que han resistido siglos de racismo e invisibilización. Porque en cada güipil también se teje matemática, ciencia y resistencia.

Verificado por MonsterInsights