Herbert Reyes – Red Maya K’at.
El escritor Eduardo Galeano, escribió: “Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos, y en sus cuerpos las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes, el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado. Tres días después, el presidente Harry Truman habló por radio. Dijo: —Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba atómica en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos”.
En el marco histórico de la bomba atómica lanzadas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, el historiador e investigador Sergio Castañeda nos comparte sus reflexiones.
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