#Petén | Laura Rojas – Red de Integración Orgánica -RIO.
Valentín Matul, líder de la comunidad Laguna Ixcoch, relata las pérdidas sufridas por las 49 familias de su comunidad. Según Matul, una institución sin fines de lucro les apoyó para adquirir dos manzanas de terreno en otra localidad para reubicarse; sin embargo, el proceso de construcción de nuevos hogares a través del Fondo para la Vivienda (FOPAVI) ha sido largo y aún no ofrece soluciones. En esta ocasión, las familias han perdido sus cultivos de maíz, frijol y pepitoria, así como muchos animales de corral, que son su principal sustento de vida.
Las comunidades de Santa Rita, El Sacrificio, Quemane y la Cooperativa Los Laureles también están entre las más afectadas. Cerca de 200 familias sufren periódicamente la pérdida de sus cultivos e ingresos, lo que agrava la situación de pobreza en esta área de Petén.
Según otra lideresa, que prefiere mantener el anonimato, se acercó a funcionarios del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAGA) en busca de apoyo para solventar la situación alimentaria de las familias. La respuesta fue que esperaban que otras instituciones y organizaciones no gubernamentales se hicieran cargo. Aún peor: el personal, que ya estaba al tanto de las inundaciones, no se tomó el trabajo de visitar las comunidades ni de documentar el número de familias afectadas, incluyendo niñas, niños y adultos mayores, así como las pérdidas materiales. Esta información es básica y necesaria para tramitar una solicitud de apoyo ante el viceministerio del MAGA en Petén.
La irresponsabilidad del Estado de Guatemala y de las corporaciones se evidencia aún más al considerar que, aguas arriba de la cuenca del río Usumacinta, varias hidroeléctricas —sin evaluaciones de riesgo, análisis de impacto ni medidas de prevención— abren sus esclusas liberando en poco tiempo cantidades masivas de agua que corren río abajo.
Las hidroeléctricas Xacbal y Xacbal Delta, así como la Chixoy, generan impactos graves en varias comunidades aguas abajo, situación que el gobierno ha preferido silenciar. Esto, a pesar de que diversas comunidades de Petén, en reuniones previas a la toma de posesión de Bernardo Arévalo, plantearon la gravedad de la situación en defensa del territorio frente a proyectos energéticos.
Las inundaciones río abajo de una central hidroeléctrica, tras la apertura de sus esclusas, se deben a la liberación repentina y masiva de agua. Esto incrementa drásticamente el caudal del río en un corto período de tiempo, sobrepasando su capacidad natural de drenaje y desbordando hacia zonas aledañas, muchas veces ocupadas por viviendas o preparadas para un menor volumen de agua.
Las comunidades en la ribera del río Usumacinta y del río La Pasión han sido constantemente afectadas por las actividades de las empresas y la falta de regulación estatal. Las instituciones competentes deberían exigir un manejo responsable de las actividades y sus Estudios de Impacto Ambiental. La problemática abarca desde la expansión descontrolada del monocultivo de palma aceitera, la ganadería y la deforestación, hasta el desplazamiento de poblaciones y el ecocidio en el río La Pasión, que dejó graves impactos en las comunidades por la contaminación del agua, la muerte masiva de peces y la pérdida de fuentes de agua potable.
En 2020, después de los peores momentos de la pandemia de COVID-19, los huracanes Eta y Iota devastaron comunidades enteras en el país. Las personas debieron hacinarse en albergues en plena pandemia, perdieron sus casas, cultivos e ingresos. Las comunidades de esta cuenca saben bien lo que significa “llover sobre mojado” y aún hoy enfrentan la ausencia del gobierno.
Recordemos que incluso la FAO excluyó a las comunidades de Petén cuando los huracanes Eta e Iota impactaron de forma consecutiva en las áreas bajas de esta cuenca, debido a que la tragedia también se extendía por otros departamentos.
Después de estas tragedias, la falta de acceso a la tierra y la pérdida de viviendas y cultivos persisten. Varios líderes comunitarios han testificado que el MAGA les entregó semillas transgénicas que no se desarrollaron. En estas condiciones, la pobreza y el hambre agobian cada vez más a comunidades que siguen siendo desplazadas por las corporaciones, olvidadas por el Estado e impactadas por el cambio climático.
A pesar de todo esto, el gobierno de Bernardo Arévalo prefiere evitar el tema central de la problemática: la reforma agraria en Guatemala y los planes de ordenamiento territorial. En cambio, impulsa con orgullo un modelo de capitalismo “maquillado de verde”.
MayaKat #Informando #DesdeLosTerritorios #FGER #ComunicandoBuenVivir
