8 Jun 2026, Lun

Encuentro de mujeres indígenas comunicadoras pone el autocuidado en el centro de la comunicación comunitaria.

En sociedades que históricamente han exigido a las mujeres indígenas trabajar, cuidar, resistir y sostener a sus comunidades sin descanso, detenerse para cuidar el cuerpo, la mente y el espíritu puede convertirse en un acto profundamente político y revolucionario.

Con esa convicción, mujeres indígenas comunicadoras participaron en un espacio de autocuidado y sanación colectiva que buscó fortalecer su bienestar integral y reflexionar sobre la relación entre la comunicación comunitaria antirracista y los procesos de cuidado personal y comunitario.

Durante dos jornadas, las participantes compartieron experiencias, conocimientos y prácticas ancestrales orientadas a recuperar energías, sanar heridas y fortalecer la capacidad de sostener la palabra desde el bienestar y la dignidad. Guiadas por nan Vilma Morales, a través de ejercicios de relajación, meditación, escucha colectiva y acompañamiento emocional, las comunicadoras reflexionaron sobre las múltiples violencias que atraviesan sus vidas, entre ellas el racismo, el patriarcado y la discriminación que enfrentan tanto en sus territorios como en los espacios de comunicación.

Las actividades incorporaron el uso de plantas medicinales, aceites y otros elementos vinculados a los saberes ancestrales de los pueblos indígenas. Estos conocimientos permitieron abrir espacios de diálogo sobre la importancia de reconocer las afectaciones emocionales y espirituales que dejan las violencias estructurales y la necesidad de generar mecanismos para enfrentarlas.

Uno de los momentos más significativos fue el espacio en la que las participantes quemaron las plantas utilizadas durante el proceso de sanación. Ese momento representó la decisión colectiva de liberar dolores, preocupaciones, miedos y cargas acumuladas a lo largo de sus trayectorias personales y organizativas. Más que algo individual, fue una acción compartida que reafirmó la importancia de sanar en comunidad.

La jornada también estuvo acompañada por sones y músicas tradicionales de distintos territorios. A través del baile, reivindicaron el derecho a la alegría como parte de los procesos de resistencia de los pueblos indígenas.

Para las participantes, el encuentro permitió reconocer que comunicar no consiste únicamente en aprender a utilizar cámaras, grabadoras o herramientas digitales. También implica cuidar a quienes sostienen la palabra. Implica sanar las heridas que deja el racismo, enfrentar el desgaste que producen las desigualdades y fortalecer la energía necesaria para seguir narrando las historias de sus comunidades.

Las comunicadoras coincidieron en la necesidad de que este tipo de espacios formen parte de los procesos de formación y fortalecimiento organizativo.

Como parte del proceso, cada participante recibió un kit de autocuidado para continuar desarrollando estas prácticas en sus hogares y comunidades, promoviendo que el bienestar personal y colectivo se convierta en una herramienta permanente para el fortalecimiento de las mujeres indígenas.

En un sistema que históricamente ha negado a las mujeres indígenas el derecho al descanso, al tiempo propio y al cuidado, encontrarse para sanar, escucharse y agradecer la vida constituye una forma de resistencia. Porque cuidar el cuerpo, proteger la energía y sostener la alegría también son acciones transformadoras. Y porque una comunicación comprometida con la defensa de los pueblos necesita mujeres que no solo alcen la voz, sino que también encuentren espacios para sanar y sostenerla.

 

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