#Opinión | Jairo Mejía.

El primer medallista olímpico de Guatemala, Érick Barrondo, se encuentra bajo el escrutinio público, pero esta vez no por razones positivas relacionadas con su destacada carrera deportiva. Recientemente, han surgido videos en los que se le ve agradeciendo al expresidente Giammattei por mejoras realizadas en un parque recreativo que lleva el nombre del atleta. Esta acción ha desencadenado una ola de críticas y ataques hacia Barrondo, llevándolo a ser socialmente linchado, cancelado y funado por muchos.

@culturaguate Acepta la invitación de @Erick Barrondo y conoce las mejoras en el Centro Deportivo #ErickBarrondo de la zona 7 de la ciudad de #Guatemala. #culturaGUATE #CulturaMotorDesarrolloGT #3milAñosRiquezaCulturalGT ♬ Tan Especial – Orión

Es irónico cómo la misma sociedad que una vez le dio una cálida bienvenida a Barrondo al regresar con la medalla de plata olímpica, ahora lo señala como un enemigo más. Nos enfrentamos a un dilema: ¿olvidamos quién es Érick Barrondo, de dónde vino y lo que representa?, o ¿simplemente nos dejamos llevar por la corriente de opiniones?

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Es en este contexto que se hace inevitable recordar la historia de La Malinche, también conocida como Malintzin en náhuatl, y su conexión con la Maldición de Malinche. La Malinche fue una mujer indígena que desempeñó un papel crucial como intérprete durante la invasión española de México en el siglo XVI. A pesar de su importancia como mediadora entre dos culturas, su nombre quedó marcado por la traición hacia su propio pueblo, convirtiéndose en símbolo de la Maldición, una metáfora de la colaboración con el opresor. ¿Acaso estamos presenciando una versión contemporánea de este fenómeno con Érick Barrondo? ¿Es él ahora víctima de una especie de Maldición de la Malinche? Pareciera que sí, con el matiz que ahora una figura pública es cancelada por traicionar a su gente al agradecerle a quien el pueblo identifica como el opresor.

La Malinche también ha sido objeto de un intenso debate, con algunos argumentando que actuó pragmáticamente para proteger a su gente, mientras que otros la condenan como traidora. ¿Podría ser que Barrondo esté enfrentando un dilema similar, en el que sus acciones pueden ser interpretadas de manera diferente según el punto de vista? ¿Qué lo llevó a exponerse al mostrar pleitesía a Giammattei? ¿Qué historia hay detrás del video? Tal vez sea demasiado pronto para juzgar moralmente las acciones de Barrondo. Tal vez tuvo que tomar esa decisión por razones que desconocemos. Pero lo que sí sabemos es que no deberíamos necesitar 300 años para reflexionar y analizar con madurez las complejidades de una situación como esta.

Queridas lectoras y lectores, el caso de Érick Barrondo nos obliga a cuestionarnos no solo sobre la responsabilidad de las figuras públicas, sino también sobre nuestra propia responsabilidad como sociedad en la forma en que las juzgamos. Espero que no nos lleve 300 años volver a caer en la Maldición de la Medalla.

 


@fger_mayakat